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Estudiar las galerías subterráneas, algunas del tamaño del Estadio Azteca ayuda a la conservación del medio ambiente. Foto: El Universal

Huautla, con el sistema de cuevas más grande del continente


  • 14 abril, 2019   13:16:20

REDACCIÓN VIVO NOTICIAS

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HUAUTLA DE JIMÉNEZ, OAX.- El pecho se aprieta, un golpe de humedad refresca la cara y las manos, las pupilas se  acoplan a la falta de luz y los pies, a la irregularidad del terreno: son los hombres y las mujeres, amantes de la tierra, penetrando el hogar de Chicón Nindó, el “señor de los cerros”.

Con  casco, guantes, botas, lámparas, un arnés equipado, ropa térmica y pesadas mochilas llenas de taladros, cuerdas y huevos deshidratados, espeleólogos de México y el extranjero se adentran a la Cañada, donde se encuentra el sistema de cuevas más profundo del hemisferio occidental, el noveno a nivel mundial.


Con sus mil 560 metros de profundidad85 kilómetros de longitud 26 entradas hasta ahora descubiertas, el Sistema Huautla alberga la historia poco conocida y reconocida de “los hombres del venado”; no es un sitio turístico. Mientras sus pasadizos son recorridos por un alacrán único en el mundo, en el exterior permanece el respeto por los seres místicos que cuidan de estas cuevas. Además, destacan sus enormes galerías, una de ellas, del tamaño del Estadio Azteca.

Los especialistas son claros: el potencial de las investigaciones al interior del sistema son grandes, no sólo en el ámbito histórico, científico o de la exploración, los resultados se podrían traducir también en beneficios a las comunidades, para la conservación de sus recursos naturales y el abastecimiento de agua para su consumo.

En 1965 llegaron los primeros espeleólogos a este Pueblo Mágico, eran de Austin, Texas, y  desde entonces se han realizado diversos viajes a la región que han dado como resultado la conexión del sistema de cuevas más grande de América.

Actualmente, la exploración está a cargo del Proyecto Espeleológico del Sistema Huautla (PESH), que desde 2014 realiza expediciones anuales a la región, con duración de un mes, para seguir buscando nuevas entradas o conexiones, que permitan generar ciencia y posicionar a este tesoro oaxaqueño a nivel mundial.

El proyecto está liderado por el espeleólogo estadounidense Bill Steele, quien llegó a este municipio dela Cañada por primera vez en 1977 y quien  prácticamente se ha adaptado no sólo a las cuevas de la región,  sino también a su gente, a la que cariñosamente saluda en mazateco, con la palabra nd'ali  (hola).

—Entré a una cueva por primera vez a los cuatro años, me pareció algo magnífico (...) Huautla es un sistema  maravilloso y lo que encontramos en él me gusta compartirlo con la gente de la región, donde tengo muchos amigos, dice.

UNA TIERRA CON DUEÑO

La Cañada es una región dibujada en la sierra. En Huautla, las cuevas y los sótanos son parte del paisaje, están por  todos lados.

Según la cosmovisión mazateca, estos espacios tiene un dueño: desde sus entrañas, la tierra es cuidada celosamente por Chicón Nindó. Sobre las cuevas y sótanos se cuentan historias extraordinarias, desde hombres que perdieron su espíritu por entrar sin permiso, hasta quienes ganaron buena fortuna por hacer tratos con el “señor de los cerros”.

“Las cuevas son lugares sagrados, las cuida el Chicón; si quieres entrar debes pedirle permiso, no puedes tocar ni llevarte nada”, cuenta Elizabeth, habitante de la agencia municipal de San Andrés Hidalgo, en Huautla. Aunque al sistema han llegado especialistas de otras entidades y de  al menos 11 países, desde hace unos años, los espeleólogos han adoptado las tradiciones de la región. Antes de aventurarse forman parte de un ritual.


Con copal humeante, ramas de olivo, cacao y velas amarillas de cera virgen, Enrique Rubio, un curandero mazateco, se encarga de purificar a cada uno de los “cueveros”. Desde Bill Steele, el líder de la exploración, hasta hidrogeólogos, traductores y cocineros son objeto de oración uno a uno.

“Esa vela encendida que tienen en sus manos servirá para que durante  sus trabajos conserven su conciencia, pensamiento y corazón prendidos”, explica  el chamán oaxaqueño. Tras darles a beber agua bendita con cacao, Enrique les entrega a los espeleólogos algunos paquetes envueltos en papel de estraza, que contienen semillas de cacao y polvo hecho con la planta del tabaco, que tras ser bendecidos reciben el nombre de San Pedro.

Estos envoltorios  serán colocados en las entradas de las cuevas a explorar, como una ofrenda de respeto y agradecimiento al Chicón.

PRIVILEGIO SUBTERRÁNEO

En la comunidad de Plan de Arena, a unos 45 minutos de la cabecera municipal de Huautla, se encuentra una de las entradas a las cuevas. Tras una larga caminata entre veredas y montañas cuesta abajo, un grupo de cuatro expertos, de los 49 que este 2019 conformarán la expedición, se encuentran listos para entrar.

Al descender a  las entrañas de la tierra son recibidos por oscuridad y algunas gotas de agua que caen del techo adornado por estalagmitas.

Así comienza el viaje. El equipo de espeleólogos trabajará por unas cinco horas, caminando, adecuando los pasadizos y haciendo anotaciones exactas de la altura, clima y elevación de cada parte del terreno por el que pasen.

Esta expedición es corta y, por lo mismo, el peso que cada uno lleva es menor, alrededor de 10 kilos de equipaje. Sin embargo, según explican, hay grupos o personas que pueden pasar hasta dos semanas adentro.

VIDA QUE CORRE A BAJO LA SIERRA

En su interior, el sistema Huautla  alberga vida en todos los sentidos. Desde el agua que corre entre sus pasadizos y desemboca en la Cuenca del  Papaloapan, hasta las más de 40 especies de fauna endémica, cuyo hogar en el mundo es la tierra mazateca.


“Esta agua eventualmente va al río Grande, que después se dirige a la presa Miguel Alemán. Todo desemboca en el Papaloapan, de allá se sacan los alimentos, el agua se consume”, explica el espeleólogo Fernando Hernández, quien  realiza una maestría en Hidrogeología en la Universidad de Kentucky.

En este contexto, el especialista explica que la importancia de cuidar y estudiar el sistema reside además en la conservación del medio ambiente.

“Cuando voy a las comunidades lo primero que hago es dar pláticas en las escuelas a los niños, ellos están muy interesados en los animales y cómo cuidarlos. Me dicen ¡En serio aquí hay un oso perezoso! Los más pequeños se encargan de transmitir el conocimiento a sus padres”, señala.

Así, el potencial de las cuevas alcanza para pintar un panorama distinto entre los mazatecos, sobre todo los más pequeños, que tienen bajo sus pies  un laboratorio viviente de  biología, arqueología, antropología y  geología.

“Lo mejor de todo, es que estas investigaciones pueden motivar y generar que en el futuro lo que abunden sean los espeleólogos mazatecos”, dice emocionada Alma Estrada, maestra oaxaqueña y uno de los  pilares fundamentales del PESH.

*Con información de El Universal

 

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